Paseando por Nueva Carteya
Partiendo del Paseo de Diego Carro, a la altura de la fuente central, enfilamos la calle Nueva. Los naranjos son protagonistas de esta vía, campo de juegos de la infancia por ser calle peatonal, calle cortita, quieta y reposada, para andarla despacio y disfrutar del olor del azahar, cuando es el tiempo.
El visitante debe torcer luego a la derecha y recorrer un pequeño tramo de la calle "de los muertos" -calle que lleva el nombre del patrón del pueblo, San Pedro, aunque llamada popularmente como se ha dicho porque por ella pasan los entierros camino del cementerio-, que frente presenta un trazado de cuesta que ha puesto en apuros los frenos de más de un coche. Y es que en Nueva Carteya, un pueblo joven que tiene en esta cualidad buena parte de su atractivo, el urbanismo, que no refleja estrecheces, callejones o recovecos, sino vías anchas y de trazado recto, se caracteriza en gran parte del casco urbano por las cuestas, única forma de salvar los desniveles del terreno en el que se asienta la villa. Esta de frente es una cuesta-cuesta, es decir, una rampa sin escalones que faciliten un posible descanso pero, eso sí, con terrazas que dan paso a las casas, repechos-atalaya rematados con arriates.
Saliendo de San Pedro, la primera a la izquierda es la calle Llana, que no lo es, aunque la pendiente aquí sea suave. Esta es una de las principales arterías de la población, y principal es también el caño que la recorre por el subsuelo de una también cíclica visita de máquinas y obreros que la destripan para mejorar y ampliar ese tramo de a red de saneamiento. Porque la calle Llana es escenario habitual de las avalanchas de agua y barro que las tormentas descargan sobre Carteya, agua que viene de los montes cercanos y busca la pendiente natural de ciertas calles para llegar a las partes llanas. El medidor natural de si la riada de turno ha sido más o menos importante es, muchas veces, que haya entrado o no agua en el casino -Círculo de la Amistad, de nombre oficial-, situado allí abajo, justo delante de la desembocadura de la calle.
Es ésta una calle de bancos y comercios, y es también calle estratégica para contemplar el recorrido oficial de las procesiones en Semana Santa, acontecimiento que nutre sus balcones, y le da un valor añadido a las casas que se alinean en ella.
A la derecha de la Llana se abre la calle de "los escalones", calle Montilla, la de subir a misa, al mercado y al Ayuntamiento. Aquí nos encontramos de nuevo con las plataformas ante las viviendas, flanqueando la cuesta.
La siguiente, también a la derecha, está la calle Director -nunca supimos de qué corporación, entidad o colectivo-, mitad escalonada, mitad cuesta, con más terrazas y arriates, cerrada por una terraza mirador sobre la que se eleva una de las fachadas laterales de la iglesia. Arriba, recuperando el resuello, nos encontramos con la plaza Marqués de Estella, y a un lado de la plaza, el Ayuntamiento presenta una fachada de ladrillo visto y arcos neogóticos que ciñen los ventanales. Sometido a una operación de cirugía estética que permitió recuperar un sabor más tradicional para el edificio que inauguró Solís -ministro de madre carteyana- allá por los años sesenta, como un desarrollismo de la década.
El punto más alto de la plaza es la Iglesia, y desde la puerta de la Iglesia, mirando al frente y a través del mercado, se divisa abajo el parque Plácido Fernández Viagas, una de las actuaciones urbanísticas más recientes de la historia del pueblo. Lugar de esparcimiento y escenario de la feria desde que fue trasladada del Paseo, el parque tiene su quiosco de música y una fuente octogonal en piedra en homenaje a las ocho provincias andaluzas.
Saliendo del parque, a la izquierda, enfilamos la calle Córdoba -Francisco Merino, si hay que usar el nombre para enviarle una carta a alguno de sus vecinos-, que tiene una capilla dedicada a la Virgen de las Angustias. Es una calle ancha que si se sigue hacia la salida del pueblo marca el camino a Cabra y el punto del mismo nombre, lugar por donde se sale hacia la vecina población. Junto con éste, el punto Baena y el punto Montilla indican de forma descriptiva la dirección a seguir para llegar, por una de las tres salidas, a dichos pueblos.
Calle Córdoba abajo llegamos al punto de partida. Ante nosotros, de nuevo, el Paseo, pero ahora como escenario idóneo para un rato de reposo después del sube-y-baja que ha supuesto este breve recorrido.